miércoles, 16 de junio de 2010

Somos únicos e irrepetibles

Hoy me he emocionado con este vídeo que me han enviado y que muestra no sólo el milagro de la vida sino el estrecho vínculo que se crea entre una madre y su hijo durante la gestación. En mi opinión, no hay acto más amoroso que traer una persona al mundo. Pero una vez fuera de esa especie de limbo que es el vientre materno, el bebé necesitará separarse de su madre para seguir viviendo. El corte por lo sano del cordón umbilical es la primera gran crisis que sufrimos en nuestra vida, por otra parte necesaria para iniciar una nueva etapa existencial. Y ésta no podría desarrollarse sin esa revolución cruenta que hace que pasemos de un estado idílico en el cual todas nuestras necesidades están cubiertas a un estado de incertidumbre continua y de necesidad de socialización. Entonces, sólo con la ayuda del Amor podemos salir adelante, sea cual sea nuestro destino. A veces el camino no es el que esperamos, pero para el que ha dado y ha recibido Amor, la meta siempre será la misma.


lunes, 7 de junio de 2010

¡VAMOS RAFAAA! ...Y Rafa fue.

Rafael Nadal V de Roland Garros y I del mundo. Tras el descanso obligado por las lesiones y algún que otro compromiso publicitario, la vuelta a la rutina y al trabajo constante le ha devuelto el sitio donde merece estar y de donde nadie le va a mover haga lo que haga en Wimbledon.

No tenía ninguna duda de su resurgir. Y si en algún momento hubo un asomo de incertidumbre, se esfumó en el mismo momento en que Rafa aseguró que estaba trabajando duro y que cada vez se veía más fuerte físicamente. Así que sólo era cuestión de tiempo que volviera a hacernos disfrutar con sus victorias, a pesar de que durante un tiempo vimos a un Nadal muy diferente al que nos tenía acostumbrados, fallando bolas que antes dirigía escrupulosamente a la línea o desesperado por llegar a una dejada que ya no esperaba al toque de su raqueta. Sin embargo, el deporte es justo, y superada la falta de horas de entrenamiento, todo ha vuelto al lugar que estaba antes de marcharse.

Y es que Rafa es una apuesta segura y un ejemplo de disciplina para todos. Es verdad que el físico le acompaña, pero el coraje, la concentración y la técnica tan depurada que demuestra en cada partido es lo que lo hace único (aunque esperemos que no irrepetible). Y la forma de celebrar sus triunfos no ha variado nada de la primera vez, conserva la misma ilusión y espontaneidad, lo que dice mucho de su vocación y su amor por el tenis. Ayer lloró abrazado a su toalla, la presión que se impuso para volver a ganar un grand slam había sido demasiada. Para él nada es lo mismo, cada día se enfrenta a un nuevo reto y eso se refleja en su juego y en la mirada del espectador.

Pero ayer ya no existe, por eso hoy estará otra vez en el cuadrilátero. Ahora toca defender la temporada de hierba y sabe que ahora mismo es el caramelo a los pies de la puerta del colegio que todos quieren saborear. Nadie le va a regalar nada, pero confía en sus posibilidades. Si él lo hace, yo no voy a ser menos.

Que sepáis que entramos en una nueva era de Rafa Nadal. A disfrutarla toca.

Y por cierto, ¿no es maravilloso ser español?

martes, 18 de mayo de 2010

NO TE RÍAS, QUE (A VECES) ES PEOR


Más de una vez he intentado en este blog enumerar los beneficios de la risa, tanto a nivel físico como mental. Una buena carcajada a tiempo nos puede aliviar del dolor, producir euforia, sobrellevar un día gris o, simplemente, animarnos un poco. Todo esto sin contar el ejercicio abdominal que suponen dos minutillos de risa y el flujo sanguíneo que se genera.

Reírse a mandíbula batiente es, por tanto, bueno, muy bueno. Pero, como pasa con todas las manifestaciones físicas de los estados de ánimo, hay que ser consciente de la situación en que uno se encuentra, saber positivamente que esa expresión de alegría va a ser compartida por tu interlocutor y aguantarse cuando uno intuye que una carcajada en determinado momento va a resultar de lo más incómodo. Es decir, alegría SIEMPRE; risas ruidosas e incontenidas, en ocasiones en las que se permita, y con sentido común.

A continuación, enumeraré situaciones en las que una carcajada puede arruinar un momento, alguno de ellos prometedor. Otros no invitan en absoluto a la risa -más bien al contrario-, y en unos cuantos genera, cuando menos, incomprensión. Así pues, deberíamos poder controlar la risa estrepitosa en los siguientes casos:

1.- Cuando un amigo nos esté contando un problema que le angustia. Aunque esté poniendo una cara de 'milikito' de lo más graciosa, intentaremos ceñirnos al tema que nos ocupa y mostrar nuestra sincera comprensión.

2.- Cuando tu pareja se desnuda en la intimidad. Por muchos kilos que haya cogido en las últimas semanas y lo graciosa que te resulte esa pelambrera caprichosa, te puedes ahorrar esa risita nerviosa y de mal gusto que tienes ganas de soltar.

3.- En un entierro. No tiene ninguna gracia, sobre todo para los familiares. Y si tú eres uno de ellos, háztelo mirar.

4.- En misa. La disposición ha de ser buena, incluso de cierta alegría. Pero la carcajada impetuosa cuando el cura se confunde o cuando a alguien se le resbala la sagrada forma de la boca, no tiene lugar. Asimismo, intentaremos no ser demasiado efusivos a la hora de dar la Paz (algunos parece que acaban de coincidir en la barra de un bar y que se van a tomar un par de cañas para celebrarlo).

5.- En el retrete. Quizás te hayas llevado el periódico, una revista o un cómic de Mortadelo y Filemón. Tú sabrás, pero hacer las dos cosas a la vez te puede cortar el rollo. Si eres de los que controlan perfectamente sus esfínteres, ¡enhorabuena!
6.- En momentos románticos o de pasión. Como digo, la alegría es natural, sobre todo en el amor. Pero si tienes ganas de soltar una carcajada que no vas a poder compartir con tu pareja porque precisamente te estás riendo de la cara 'tan graciosa' que pone cuando se pone melosa, pues es mejor que te contengas. ¿Estás en lo que estás, o es que no sabes lo que se espera de ti en esos momentos? Una risa explosiva e inoportuna te puede cortar el deseo de raíz.

7.- En clase. A no ser que al profesor le haya dado por imitar a Chiquito de la Calzada, la carcajada incontenida no está justificada. Es sabido que a veces la risa viene en las situaciones más incómodas o cuando no está bien vista, pero la madurez se demuestra controlándola.

8.- Desgracias o debilidades ajenas. Caídas escandalosas, balonazos en la cabeza o en las partes nobles, tropiezos, resbalones, peinados imposibles, acentos extraños, infecciones contagiosas, miedos patológicos, etc., etc. Una carcajada demuestra poca empatía por la persona que sufre. A no ser que la persona afectada se tome sus desgracias con un humor inusitado, es mejor que te contengas. Y aún así, no te fíes. Él -o ella- puede hacerlo porque son SUS desgracias. Ya podrás reirte tú cuando te toque a ti.

En general, es el sentido común el que te dirá cuándo puedes reirte y cuándo deberás permanecer con la boca cerrada. En cualquier caso, cuando puedas hacerlo, hazlo con ganas, sin censuras. Al fin y al cabo, la risa es una de las cualidades humanas que nos diferencia del resto de los seres vivos. ¿O no?

jueves, 29 de abril de 2010

Cultivar el talento y desarrollar las habilidades, clave en los malos momentos.

Escapar del ghetto. Un deseo que se vuelve obsesión cuando no queda salida, cuando todo está prácticamente perdido y la propia existencia corre el -más que probable- riesgo de entrar en el oscuro círculo vicioso que trae consigo la marginación y la pobreza. Donde la única preocupación es la de sobrevivir a toda costa y de cualquier cosa, y donde impera la ley del "comer antes de ser comido".

En las pequeñas barriadas del pueblo de Tupelo (Misisipi) donde nació Elvis Aaron Presley, la cosa no era diferente. Ya al nacer tuvo que pasar su primera prueba: el fallecimiento de su hermano mellizo Jesse nada más ver la luz. Tras aquello, sus padres no volvieron a tener hijos y Elvis se crió como hijo único. Eran tan pobres que dependían de la ayuda de los vecinos para vivir. Cuando tenía tres años perdió su casa porque su padre fue encarcelado por alterar un cheque, así que su madre y él no tuvieron más remedio que instalarse en casa de unos parientes. Ya en la escuela, una profesora suya advirtió su cautivadora voz y su carisma cuando actuó en un concurso musical. A partir de ese momento, su voz y su presencia iban a ser sus principales armas para escapar del ghetto, aunque él no lo supo hasta que su padre, en lugar de regalarle la bicicleta con la que tanto soñaba, le puso una guitarra en sus manos. Empezó a tocar a regañadientes, pero todos sabían que era la única manera de salir, de evitar un futuro escrito a la vuelta de la esquina. Y la cosa funcionó.

El suegro póstumo de Michael Jackson (quien, curiosamente, también destapó sus habilidades en una función escolar) nunca olvidó las dificultades de las familias y los niños que crecen en los ghettos. Así, en 1969 popularizó la canción "In the ghetto", que cuenta la historia de un adolescente que crece en los suburbios y que un mal día muere herido de un disparo.

¿Quién no ha estado inmerso alguna vez en un círculo vicioso que puede llevarle a un triste final? Sólo la conciencia de vernos sumidos en un pozo oscuro puede hacernos reaccionar y buscar la mejor solución para salir de él. Dar rienda suelta a nuestra imaginación, creer no sólo en nuestras posibilidades sino también en las de los demás y destapar sin miedo nuestros puntos fuertes son las mejores -y únicas- herramientas que tenemos para salir victoriosos.


viernes, 9 de abril de 2010

martes, 30 de marzo de 2010

El buen humor, un método de supervivencia


Aprovechando que se acerca el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo (el próximo 8 de abril), voy a recordar una serie de medidas del Plan de Rescate propuesto hace ya un año por una consultoría dedicada a la aplicación del humor al trabajo.
A falta de dinero para afrontar todos los gastos que se nos vienen encima y para reparar nuestra maltrecha economía, todos nuestros esfuerzos deben centrarse en incidir en el modo de enfrentarse a ese desafío, porque el sentido del humor es una de las herramientas más eficaces a la hora de encajar las bromas (a veces, muy pesadas) que nos gasta la vida. Incluso es posible que sea la única arma con la que podemos contar.
Así las cosas, conocedores de que el humor es un tema muy serio, deberíamos llevar a rajatabla las siguientes consideraciones del plan de rescate contra la crisis, tanto en nuestra vida personal como en nuestro trabajo:

1.- Sigue una estricta dieta informativa. Los medios informativos seleccionan las noticias según el espanto que puedan causar. Tienen que subir la tensión arterial, motivo por el cual la banda sonora de los telediarios podría servir perfectamente para una película de Indiana Jones. Por el bien de tu higiene mental, inicia un régimen que limite tu exposición a esta fuente de estrés y pesimismo.
2.- Busca el lado cómico de la vida. Aunque a veces no lo parezca, el humor está en todas partes. Sólo hace falta fijarse un poco más.
3.- Ríete de la crisis. Incluso en las peores situaciones, el ser humano es capaz de bromear, aunque se trate a veces de un humor muy negro. Y es en épocas de crisis donde florece más el ingenio.
4.- Mira el lado positivo. Sin duda, la crisis tendrá consecuencias negativas, pero alguna será positiva. Quizás sea una oportunidad de replantearnos, a escala global, el sistema económico, político, social y cultural de nuestra civilización. Puede que sirva para moderar un poco nuestro materialismo y dar mayor importancia a otros valores más espirituales. A nivel individual, también habrá quien al perder su trabajo se libere de un jefe insoportable, encuentre su vocación perdida o se dé cuenta de que el estatus y el dinero están sobrevalorados. Y si no, al menos podemos agarrarnos siempre a la posibilidad de que, tarde o temprano, las cosas mejoren.
5.- Ponte la nariz de payaso; ríete de ti mismo. Como decía un gran sabio, "bienaventurados los que se ríen de sí mismos, porque nunca les faltarán razones para reír". En un momento de crisis como éste, la capacidad de reírse de uno mismo es más importante que nunca. Los adultos solemos creernos muy importantes, serios y respetables. Más que nada, queremos que los demás nos vean así. Escondemos nuestros defectos, errores, fracasos, lagunas intelectuales, manías y momentos de locura. Pero este esfuerzo disimulador no suprime todos estos aspectos de los que nos avergonzamos. Somos seres imperfectos, ignorantes y frágiles en un mundo muy grande que nos desborda. Hacemos lo que podemos con lo que nos ha tocado. Ponerse la nariz roja de payaso es una forma simbólica de reconocer, aceptar y celebrar el hecho de que, al fin y al cabo, somos bastante ridículos.
6.- Amplía tu perspectiva. Decía Chaplin que "la vida es una tragedia en el primer plano, pero una comedia en el plano general". Muchas veces, las situaciones que nos provocan ansiedad, vergüenza, rabia o tristeza, con el tiempo y la distancia cambian, transformándose en escenas de pura comedia. Llegamos a ver su lado divertido y nos provocan la risa, hasta el punto de convertirse en nuestras anécdotas favoritas que contamos una y otra vez a familiares y amigos. Para apreciar el humor de una situación, lo que necesitamos es un poco de distancia, dar un paso atrás para ver la perspectiva más amplia.
7.- Aprende a improvisar. Las cosas no salen siempre según lo previsto. En esta situación, nuestras primeras reacciones son el rechazo, la frustración y la queja. Pero de poco sirven, porque la realidad es la que nos toca, y lo mejor es que la aceptemos cuanto antes para tirar adelante. Lo que necesitamos es creatividad y capacidad de improvisar. Como Mac Gyver.
8.- Dale a tu vida un toque de locura. Un pequeño toque nada más, sin volverse loco del todo. Es necesario para desdramatizar lo cotidiano y liberarnos de la seriedad imperante. Es posible que todo se vaya al garete, pero incluso si así fuera, que sea un desastre esplendoroso que luego podamos celebrar.
9.- Contagia la risa. Disfrutamos más del humor cuando lo compartimos, especialmente con las personas con las que tenemos cierta complicidad. Y es uno de los mejores regalos que podemos hacer a los demás. Así que ¡queda ya con tus amigos para echarte unas risas!!!
10.- Recurre a los gurús del humor. Acude siempre a los profesionales y expertos que aplican el humor en distintos ámbitos: comedias, monólogos, programas de humor, payasos, cuentacuentos... Búscalos siempre que los necesites y déjate llevar.

Y eso es todo por ahora. Por mi parte, intentaré seguir esta receta o Plan de Rescate para llegar a la operación biquini no sólo con un cuerpo de escándalo, sino también (y lo más importante) con una sonrisa de oreja a oreja.